Cuando los niños hablan con las máquinas

IA, confianza y privacidad infantil en interfaces que conversan, aconsejan y pueden parecer cercanas

(Artículo dirigido, revisado y validado por Leocadio Marrero Trujillo, autor y responsable editorial. Se utilizaron herramientas de IA generativa como apoyo a la edición y al diseño gráfico).

 

SERIE PRIVACIDAD INFANTIL · ARTÍCULO 4/5

Un niño puede empezar utilizando una herramienta de inteligencia artificial para resolver una duda del colegio y terminar, unos minutos después, contándole que está preocupado por un examen, que ha discutido con sus amigos o que se siente solo. No es necesario que crea literalmente que al otro lado hay una persona. Basta con que la conversación resulte suficientemente natural, disponible y receptiva para que compartir información personal parezca una parte normal de la interacción.

Ahí aparece un problema de privacidad diferente al que tradicionalmente hemos asociado con formularios, cookies o configuraciones. La inteligencia artificial conversacional convierte la recogida de información en diálogo. El dato ya no siempre se solicita mediante un campo claramente delimitado; puede aparecer dentro de una explicación, una pregunta, una petición de consejo o una conversación que adquiere progresivamente un carácter más personal.

Esta cuarta entrega parte de una pregunta sencilla: ¿qué cambia cuando un menor no siente que está “entregando datos”, sino simplemente hablando?

El problema no consiste en asumir que toda conversación con una IA es peligrosa ni que los menores son incapaces de utilizar estas herramientas con criterio. La inteligencia artificial puede aportar oportunidades reales para aprender, crear, acceder a información o superar determinadas barreras. Lo que necesitamos gobernar es otra cosa: la combinación entre facilidad de conversación, confianza, posible intimidad, tratamiento de información personal y capacidad todavía evolutiva para comprender qué ocurre detrás de la interfaz.

La inteligencia artificial ya forma parte de la vida digital infantil

El estudio Children’s & parents’ attitudes on information rights, elaborado por DJS Research para el Information Commissioner’s Office (ICO), confirma que ya no estamos hablando de una tecnología marginal. El 81 % de los menores de entre 8 y 17 años declara haber utilizado alguna forma de inteligencia artificial. La utilización alcanza ya el 75 % entre los niños de 8 a 10 años, aumenta hasta el 82 % entre 11 y 13 y permanece elevada durante la adolescencia.

Los usos son muy variados. El 37 % la emplea para tareas escolares y el 36 % para buscar información; un 28 % crea contenidos y un 22 % la utiliza para escribir mensajes o publicaciones. Pero aparecen también interacciones que nos interesan especialmente para este artículo: el 21 % afirma utilizarla para conversar o pedir consejo a un chatbot o “amigo” de IA, y el 12 % para cuestiones relacionadas con su estado de ánimo o ansiedad. Las respuestas admitían múltiples usos, por lo que estos porcentajes no deben sumarse como si describieran categorías excluyentes.

El dato no demuestra dependencia emocional ni permite concluir que esas conversaciones sean necesariamente problemáticas. Sí muestra que, para una parte de los menores, la IA ya ha dejado de ser únicamente una herramienta que “hace cosas”. También puede ser un espacio al que se acude para preguntar, explicar, conversar o buscar apoyo.

UNICEF ha identificado precisamente este cambio. En su informe de junio de 2026 sobre chatbots y compañeros de IA señala que niños y jóvenes utilizan cada vez más estos sistemas no solo para información, aprendizaje y creatividad, sino también para consejo, apoyo y, en algunos casos, relaciones. Las interfaces multimodales y conversacionales pueden aumentar la percepción de conexión o intimidad, especialmente cuando ofrecen respuestas personalizadas y disponibilidad continua. (UNICEF)

Cuando hablar no se percibe como compartir datos

Esta transformación de la interfaz importa mucho desde privacidad.

En un formulario tradicional, el usuario puede reconocer con cierta facilidad que está proporcionando su nombre, teléfono o fecha de nacimiento. Una conversación es diferente. El menor puede explicar un problema y, sin proponérselo expresamente, revelar información sobre su salud, familia, colegio, ubicación, relaciones, emociones, creencias o dificultades personales.

Además, no debemos confundir la información que el usuario escribe con todo lo que puede llegar a derivarse de ella. Dependiendo del sistema y de su configuración, una conversación puede utilizarse para personalización, memoria, moderación, seguridad, análisis, mejora del servicio u otras finalidades; también puede intervenir una cadena de proveedores diferentes. La cuestión jurídica dependerá siempre del tratamiento concreto, de los datos realmente utilizados y de las finalidades declaradas.

Por eso la privacidad conversacional plantea una dificultad especial: la fricción para contar puede ser mucho menor que la capacidad para comprender todo el tratamiento que esa conversación desencadena.

Esta no es una conclusión causal del estudio del ICO, sino una hipótesis de riesgo que surge al conectar la naturaleza conversacional de estos sistemas con los datos sobre percepción de privacidad y con la evidencia más amplia sobre IA relacional.

Casi la mitad cree que la IA mantiene privada toda o la mayor parte de la conversación

El estudio del ICO proporciona aquí uno de sus resultados más interesantes.

Entre los 3.428 menores que habían utilizado IA, el 17 % considera que mantiene privado todo lo que dicen o escriben y otro 32 % cree que mantiene privada la mayor parte. Es decir, el 49 % atribuye a la IA un nivel elevado de privacidad. Frente a ellos, un 24 % piensa que la IA podría compartir o utilizar lo que dicen, el 12 % considera que no mantiene nada privado y un 15 % reconoce que no lo sabe.

Estos porcentajes miden percepción, no el funcionamiento real de ningún servicio concreto. No podemos concluir que el 49 % esté necesariamente equivocado, porque las prácticas de tratamiento, conservación y reutilización varían entre sistemas. Lo relevante es la incertidumbre y heterogeneidad de expectativas.

Además, los niños más pequeños son quienes con mayor frecuencia creen que la IA mantiene todo privado: el 22 % entre 8 y 10 años frente al 13 % a los 17. Hay incluso un resultado contraintuitivo: entre los menores de hogares donde se habla de privacidad online al menos semanalmente, el 22 % cree que la IA mantiene todo privado, frente al 12 % cuando esas conversaciones son menos frecuentes. El propio informe advierte que conversaciones más frecuentes no implican necesariamente una mejor comprensión y que pueden coexistir con una confianza mal situada.

Estamos nuevamente ante asociaciones, no causalidad. Sería incorrecto afirmar que hablar de privacidad en casa provoca una mayor confianza en la IA. El resultado sí confirma algo que ya apareció en la primera entrega de esta serie: la confianza y la comprensión no siempre avanzan juntas.

FIGURA 1 (IA): La IA ya forma parte de la vida infantil, pero su uso cotidiano convive con percepciones muy diferentes sobre la privacidad de las conversaciones.

El problema cambia cuando la máquina parece relacionarse con nosotros

No todos los chatbots presentan el mismo riesgo.

Existe una diferencia importante entre un asistente que responde puntualmente una pregunta y un sistema diseñado para recordar conversaciones, personalizar su forma de hablar, presentarse como amigo, ofrecer apoyo emocional o mantener una relación persistente con el usuario.

UNICEF propone distinguir precisamente entre asistentes de propósito general, chatbots socialmente relacionales y compañeros con funcionalidades de apoyo íntimo o de mayor riesgo. También recomienda aplicar salvaguardias más estrictas cuanto más antropomórfico, persistente y emocionalmente adaptativo sea el sistema y mayor sea la probabilidad de que lo utilicen menores. (UNICEF)

Esto permite introducir una variable que desde GRC me parece fundamental: la intensidad relacional.

No basta con preguntar qué modelo de IA utilizamos. Necesitamos observar cómo se presenta, qué tipo de conversación fomenta, qué recuerda, qué señales relacionales utiliza y qué expectativas puede generar en un menor.

Un chatbot que dice “puedo ayudarte con este ejercicio” no crea necesariamente el mismo escenario que otro que transmite disponibilidad permanente, exclusividad, afecto o una supuesta comprensión emocional del usuario.

La interfaz forma parte del riesgo.

Humanizar la interacción puede cambiar cuánto contamos

UNICEF advierte de que los menores, debido a sus capacidades cognitivas y socioemocionales todavía en desarrollo, pueden ser especialmente sensibles a la antropomorfización de estos sistemas y a relaciones que favorezcan apego, dependencia o influencia. También identifica una tensión entre seguridad y engagement cuando el diseño comercial recompensa conversaciones cada vez más largas o intensas. (UNICEF)

Esto no significa que cualquier avatar amable, nombre humano o lenguaje cordial resulte manipulador. La conclusión jurídica sería excesiva.

Pero sí justifica analizar hasta qué punto ciertos elementos de diseño reducen las barreras para revelar información o hacen que el menor atribuya al sistema cualidades que realmente no posee: confidencialidad interpersonal, empatía, juicio moral, preocupación genuina o capacidad de comprender completamente su situación.

Podemos proponer, como categoría analítica para este artículo, una brecha de intimidad conversacional: la distancia que puede existir entre la cercanía que transmite la interacción y la comprensión real que tiene el menor sobre quién procesa la información, para qué, durante cuánto tiempo y con qué posibles usos posteriores.

No es un concepto utilizado por el ICO, UNICEF o el legislador europeo. Es una propuesta para describir un escenario de riesgo que merece ser evaluado.

Saber que hablamos con una IA es necesario, pero no suficiente

Este punto ha adquirido especial actualidad en Europa.

Desde el 2 de agosto de 2026 se aplican las obligaciones de transparencia del artículo 50 del Reglamento de Inteligencia Artificial. Para los sistemas que interactúan directamente con personas, como chatbots, agentes o avatares, el Reglamento exige que los usuarios sean informados de que están interactuando con una IA, salvo cuando resulte evidente desde el punto de vista de una persona razonablemente informada, atenta y perspicaz. Las Directrices publicadas por la Comisión en julio de 2026 precisan además que la información debe proporcionarse desde el inicio de la primera interacción, de manera clara, distinguible y accesible. (Estrategia Digital Europea)

Es una obligación importante, pero desde privacidad infantil debemos evitar equipararla con comprensión suficiente.

Un menor puede saber perfectamente que está hablando con una máquina y continuar sin comprender qué sucede con aquello que le cuenta.

Aquí confluyen dos transparencias diferentes. El Reglamento de IA pretende, entre otras cosas, evitar que una persona desconozca la naturaleza artificial de su interlocutor. El RGPD, cuando existe tratamiento de datos personales, exige además transparencia sobre el tratamiento de la información y, en particular, que la información dirigida a menores resulte comprensible y accesible.

Por eso una etiqueta que diga “soy una IA” puede ser necesaria y, al mismo tiempo, completamente insuficiente para gobernar la privacidad de la conversación.

FIGURA 2 (IA): Saber que el interlocutor es una IA no equivale a comprender cómo se tratará la información compartida durante la conversación.

Tampoco toda cercanía con una IA constituye manipulación prohibida

El Reglamento de IA incorpora una protección particularmente relevante para los menores. Su artículo 5 prohíbe, bajo determinadas condiciones, sistemas que exploten vulnerabilidades derivadas de la edad con la finalidad o el efecto de alterar sustancialmente el comportamiento de una persona de forma que cause o sea razonablemente probable que cause un perjuicio considerable. También prohíbe determinadas técnicas deliberadamente manipuladoras o engañosas cuando concurren los requisitos establecidos en el propio precepto. (EUR-Lex)

Conviene ser rigurosos. La prohibición no significa que cualquier chatbot antropomórfico utilizado por un menor sea ilegal. Deben concurrir los elementos previstos en el artículo 5, incluida la explotación de la vulnerabilidad, la alteración sustancial del comportamiento y el perjuicio considerable o su probabilidad razonable.

Las Directrices de la Comisión sobre prácticas prohibidas, que son interpretativas y no vinculantes, ayudan a entender cómo puede aplicarse este análisis a sistemas que aprovechan vulnerabilidades relacionadas con la edad. La interpretación definitiva del Reglamento corresponde, en último término, al Tribunal de Justicia de la Unión Europea. (Estrategia Digital Europea)

La importancia para GRC está en otra parte: la edad no es simplemente un atributo del usuario; puede convertirse en una vulnerabilidad jurídicamente relevante cuando el diseño del sistema intenta explotarla.

El dato conversacional merece una gobernanza especialmente prudente

UNICEF recomienda a las empresas aplicar una minimización especialmente estricta cuando las conversaciones contienen información sensible o íntima, limitar la conservación, documentar finalidades y bases jurídicas y evitar usos secundarios incompatibles. También recomienda mantener registros auditables sobre versiones de modelos, controles de seguridad, incidentes, medidas adoptadas y riesgos conocidos. (UNICEF)

Esta recomendación resulta muy coherente con el RGPD. Cuando una conversación contiene datos personales debemos volver a los principios conocidos: licitud, lealtad, transparencia, limitación de finalidad, minimización, exactitud, limitación del plazo de conservación, integridad y confidencialidad, además de responsabilidad proactiva. Los artículos 24 y 25 obligan además a integrar las garantías en el propio diseño del tratamiento.

En determinados diálogos pueden aparecer datos relativos a salud u otras categorías especialmente protegidas por el artículo 9 RGPD. No debe darse por supuesto que toda conversación infantil contiene categorías especiales, pero tampoco podemos diseñar un chatbot como si nunca fueran a aparecer. Si el servicio permite conversación abierta y especialmente si fomenta consejo personal o apoyo emocional, esa posibilidad debería formar parte del análisis previo.

Y cuando el tratamiento pueda entrañar un alto riesgo para los derechos y libertades, entrará en juego la EIPD del artículo 35.

La pregunta deja de ser únicamente qué información solicita el chatbot. También importa qué información es razonablemente previsible que el menor termine compartiendo.

Los chatbots integrados en plataformas añaden otra capa de responsabilidad

El DSA completa esta arquitectura cuando el chatbot se integra en una plataforma online accesible a menores o cuando el propio servicio entra en el ámbito del Reglamento.

Las Directrices de la Comisión sobre el artículo 28 DSA recomiendan expresamente introducir salvaguardias alrededor de los chatbots de IA integrados en plataformas, dentro de un marco más amplio que aborda diseño persuasivo, contenidos nocivos, sistemas de recomendación y protección frente a interacciones perjudiciales. Las Directrices son no vinculantes y su aplicación no garantiza automáticamente el cumplimiento, pero ofrecen una referencia práctica para valorar las medidas adoptadas por las plataformas. (Estrategia Digital Europea)

Además, las Directrices consideran la integración de herramientas de IA generativa como uno de los cambios que pueden modificar significativamente la experiencia del menor y que deben incorporarse a la revisión del riesgo de la plataforma. (EUR-Lex)

La lectura conjunta empieza a resultar bastante clara: incorporar un chatbot no debería tratarse simplemente como añadir una nueva funcionalidad.

Puede cambiar la naturaleza de la relación entre usuario y plataforma.

Y, por tanto, también el riesgo.

No debemos confundir personalización con cuidado

Esta diferencia es particularmente importante cuando una IA responde con un tono comprensivo.

Un sistema puede adaptar su respuesta a las palabras utilizadas por el menor, recordar determinados datos o generar frases de apoyo sin sentir preocupación, comprender la experiencia humana en sentido propio ni asumir responsabilidad por el consejo ofrecido.

La dificultad está en que esas diferencias técnicas y filosóficas importan menos para el riesgo que la percepción que produce la interacción.

UNICEF recomienda que los sistemas accesibles a menores dificulten la confusión entre interacción humana y artificial y que eviten patrones que impliquen exclusividad, dependencia o primacía emocional. También desaconseja presentar comercialmente estos sistemas como confidentes de confianza, terapeutas o amigos cuando esas representaciones pueden inducir expectativas inadecuadas. (UNICEF)

Esto conecta con una cuestión de lealtad que ya apareció en la primera entrega de la serie. La pregunta no es únicamente si hemos informado formalmente de que el servicio utiliza IA. También deberíamos preguntarnos qué expectativa razonable produce el conjunto del diseño.

Puede ser jurídicamente relevante lo que dice el aviso, pero para comprender el riesgo también importa lo que comunica la experiencia.

La confianza infantil no debería convertirse en materia prima del modelo de negocio

Aquí aparece una tensión especialmente importante.

Las interfaces conversacionales pueden mejorar cuando conocen mejor al usuario. Una mayor memoria puede hacerlas más útiles; la personalización puede producir respuestas más relevantes, y una relación más fluida puede aumentar la satisfacción.

Pero esos mismos elementos pueden incentivar más conversación, más permanencia y más información personal.

Desde GRC debemos preguntarnos dónde están alineados los intereses y dónde dejan de estarlo. Si el éxito del producto se mide principalmente por duración de la conversación, recurrencia, engagement o intensidad de la relación, mientras que el objetivo de protección exige limitar determinadas interacciones o reducir la información recogida, podemos tener un conflicto estructural que no se soluciona simplemente añadiendo un aviso de privacidad.

UNICEF identifica expresamente esta tensión entre engagement y seguridad en los sistemas relacionales y propone trasladar la gobernanza de estos productos a estructuras de responsabilidad ejecutiva y gestión empresarial del riesgo, en lugar de tratarlos como incidencias aisladas de producto. (UNICEF)

Este punto es especialmente relevante para nuestro enfoque: el riesgo infantil no debería quedar subordinado a la métrica que mejor optimiza el producto.

Una lectura GRC: gobernar la conversación, no solo el modelo

Desde Gobernanza, la organización debería identificar si el servicio será accesible a menores, qué clase de relación pretende fomentar, qué finalidades justifican el tratamiento, qué límites tendrá la memoria o personalización, quién responde de los incidentes y qué decisiones requieren escalamiento.

Desde Riesgo, no basta con evaluar al modelo en abstracto. Hay que observar escenarios: revelación de información íntima, inferencias inesperadas, respuestas inadecuadas, dependencia, persuasión, excesiva confianza, utilización secundaria de las conversaciones, fallos de moderación, perfiles derivados y posibles impactos diferentes según edad, madurez o vulnerabilidad.

Desde Cumplimiento, habrá que conectar el tratamiento con RGPD, Reglamento de IA y, cuando corresponda, DSA. Esto exige diferenciar obligaciones: saber que hablamos con IA no sustituye la transparencia sobre los datos; cumplir el artículo 50 del Reglamento de IA no demuestra por sí solo cumplimiento del RGPD; y utilizar una salvaguardia técnica tampoco demuestra que el diseño sea adecuado para menores.

Y, transversalmente, vuelve a aparecer el aseguramiento: ¿qué evidencia demuestra que las medidas funcionan también cuando la conversación se vuelve personal, persistente o emocionalmente intensa?

UNICEF propone precisamente evaluaciones antes y después del despliegue, pruebas específicas de riesgos para seguridad, privacidad, autonomía y bienestar infantil, red teaming, pruebas de resistencia a jailbreaks, seguimiento de incidentes y near misses, además de documentación auditable. (UNICEF)

FIGURA 3 (IA): A medida que aumenta la intensidad relacional de una IA, también deben revisarse los riesgos, las salvaguardias y la evidencia necesaria para gobernarla.

Una secuencia sencilla para evaluar IA conversacional utilizada por menores

Como propuesta analítica —no como metodología normativa autónoma— podemos ordenar el análisis así:

FINALIDAD → ACCESO DE MENORES → INTENSIDAD RELACIONAL → DATOS PREVISIBLES → USOS E INFERENCIAS → IMPACTO EN EL MENOR → SALVAGUARDIAS → PRUEBA → RIESGO RESIDUAL → REVISIÓN

La incorporación de la intensidad relacional es deliberada. Dos sistemas basados en tecnologías semejantes pueden generar riesgos muy distintos si uno resuelve preguntas puntuales y el otro pretende convertirse en presencia constante, recordar intimidades y adaptar su comportamiento emocionalmente al usuario.

El objeto de gobierno no es únicamente el modelo.

Es la experiencia completa que construimos alrededor de él.

La máquina puede recordar lo que el niño quizá olvidó haber contado

La conversación tiene otra característica que merece una reflexión final. Los seres humanos contamos cosas dentro de un contexto y, con frecuencia, damos por supuesto que ese contexto desaparecerá con el tiempo. En los sistemas digitales esa expectativa puede ser distinta: el dato puede almacenarse, combinarse, resumirse, convertirse en memoria o utilizarse posteriormente según la arquitectura del servicio.

Por eso enseñar a los menores únicamente a “no dar datos personales a la IA” probablemente sea insuficiente. Primero, porque la categoría de dato personal es demasiado abstracta para muchas conversaciones cotidianas. Y segundo, porque no todo riesgo procede de revelar un identificador directo.

Quizá sea más útil enseñar —y diseñar— alrededor de una pregunta diferente:

¿contarías esto si supieras que puede quedar registrado, ser procesado por un sistema y utilizarse fuera del instante concreto en el que lo estás diciendo?

La responsabilidad, sin embargo, no puede trasladarse al menor. La alfabetización ayuda, pero el diseño y la gobernanza siguen correspondiendo a quienes deciden cómo funciona el servicio.

Cuando la confianza aparece antes que la comprensión

Los datos del ICO no demuestran que los menores confíen ciegamente en la inteligencia artificial. Tampoco que las conversaciones personales produzcan necesariamente daño. Sería ir mucho más allá de la evidencia.

Sí muestran algo suficientemente importante: la IA ya está presente en la vida de la mayoría de los niños encuestados; una parte la utiliza para conversar, pedir consejo o gestionar cuestiones emocionales; y existe una gran diversidad de creencias sobre qué ocurre con aquello que se dice o escribe.

UNICEF añade una segunda pieza: cuando los sistemas adquieren características relacionales, antropomórficas, persistentes o emocionalmente adaptativas, los riesgos para privacidad, autonomía, desarrollo y bienestar pueden aumentar y justifican una gobernanza más intensa. (UNICEF)

Europa aporta una tercera: desde agosto de 2026, determinadas interacciones con IA están sometidas a obligaciones específicas de transparencia, mientras que el Reglamento de IA prohíbe en determinados supuestos la explotación de vulnerabilidades asociadas a la edad y el DSA exige salvaguardias específicas cuando estas tecnologías forman parte de plataformas accesibles a menores. (Estrategia Digital Europea)

Las tres piezas conducen a una misma conclusión.

Que una máquina sepa conversar no significa que debamos diseñarla para que un niño olvide que está hablando con una máquina.

Y que una conversación resulte fácil, útil o cercana tampoco debería convertir la confianza del menor en una vía silenciosa para recoger más información de la que necesita el servicio.

La buena IA para niños no será simplemente aquella que responda mejor. Será aquella capaz de ser útil sin necesitar apropiarse de la intimidad que la propia conversación ayuda a generar.

 

Próxima entrega · Artículo 5/5

«El menor medio no existe: diseñar para la edad, la capacidad y la vulnerabilidad».

La última entrega cerrará la serie poniendo en cuestión una de las simplificaciones más habituales del diseño digital: hablar de “los menores” como si una persona de ocho años, otra de trece y otra de diecisiete comprendieran, decidieran y afrontaran el riesgo de la misma manera.

Porque proteger a la infancia exige reconocer algo elemental: la edad importa, pero la edad por sí sola nunca cuenta toda la historia.

 

Bibliografía esencial

DJS Research. (2026). Children’s & parents’ attitudes on information rights. Research commissioned by the Information Commissioner’s Office. May 2026. Fuente empírica principal sobre utilización de IA y percepciones infantiles de privacidad.

UNICEF. (2026). When AI becomes a friend: Child rights risks, harms, and regulatory responses to AI chatbots and companions. Policy brief, June 2026. Análisis de riesgos específicos de IA conversacional y relacional para los derechos del menor. (UNICEF)

UNICEF. (2026). When AI becomes a friend: Recommendations for business on AI chatbots and companions. Recomendaciones sobre gobernanza, diseño apropiado a la edad, privacidad, pruebas, seguridad y accountability. (UNICEF)

UNICEF. (2025). Guidance on AI and Children, Version 3.0. Marco basado en derechos para IA centrada en la infancia, actualizado para incorporar IA generativa y compañeros de IA. (UNICEF)

Unión Europea. Reglamento (UE) 2016/679 — Reglamento General de Protección de Datos. Especialmente artículos 5, 12, 13-14, 24, 25 y 35, además de las disposiciones aplicables según la naturaleza concreta de los datos tratados.

Unión Europea. Reglamento (UE) 2024/1689 — Reglamento de Inteligencia Artificial. Especialmente artículo 5 sobre prácticas prohibidas y artículo 50 sobre transparencia en determinados sistemas de IA. (EUR-Lex)

Comisión Europea. (2026). Guidelines on transparency obligations for providers and deployers of AI systems. Publicadas el 20 de julio de 2026; las obligaciones del artículo 50 son aplicables desde el 2 de agosto de 2026. (Estrategia Digital Europea)

Comisión Europea. (2025). Guidelines on prohibited artificial intelligence practices established by Regulation (EU) 2024/1689. Orientaciones no vinculantes sobre la interpretación de las prohibiciones del artículo 5. (Estrategia Digital Europea)

Comisión Europea. (2025). Directrices sobre medidas para garantizar un elevado nivel de privacidad, seguridad y protección de los menores en línea, C/2025/5519. Incluyen recomendaciones relacionadas con chatbots de IA integrados en plataformas y revisión de riesgos al incorporar IA generativa. (EUR-Lex)

Comité de los Derechos del Niño. (2021). Observación general núm. 25 sobre los derechos del niño en relación con el entorno digital. Integra expresamente la inteligencia artificial dentro del entorno digital al que deben aplicarse los derechos de la Convención. (Docstore)

 

Autor y responsable editorial: Leocadio Marrero Trujillo.
El enfoque, la arquitectura, los criterios de análisis y las conclusiones de este artículo han sido definidos y validados por el autor. Durante su elaboración se han utilizado herramientas de inteligencia artificial generativa como apoyo para la estructuración, reformulación, edición y creación de determinados elementos gráficos.

El contenido ha sido sometido a revisión humana sustantiva, comprobación de fuentes y validación jurídica y técnica. El autor ha aprobado la versión definitiva y asume íntegramente la responsabilidad editorial sobre su contenido